divendres, 8 de març del 2013

ESTACIÓN DE SERVICIO 2



           2. OTRA NOCHE MÁS.

Esa semana, al fin, le volvía a tocar el turno de noche y se encontraba feliz, puesto que iba a estar allí solo, sin más trabajo que dormitar durante horas y atender algún que otro perdido que se acercase a la gasolinera.

Al principio, todo fue bien. Algunos clientes a primeras horas de la noche, en general gente que regresaba a casa después del trabajo. Después aparecieron algunos perdidos en busca de algo de cerveza, hielo o alguna cosa para comer. Posiblemente había en algún lugar de la urbanización una reunión de colegas, a la que le hubiese gustado asistir. Sin embargo allí estaba, dando cambio y conectando los surtidores. No era un mal trabajo, pero tampoco le decía nada más.

Pasada la media noche, llegó el momento en  que la faena desaparecía y podía ir a la parte trasera a fumar un poco de yerba para hacerle más agradable la noche. Como siempre, en esas horas centrales de la noche, era muy raro que alguien parase por allí.

Así que dio unas cuantas vueltas por allí dentro, como si estuviera haciendo algo de provecho, y se escondió en la parte de atrás, donde estaba el pequeño horno eléctrico para el pan y napolitanas y demás pasteles que se vendían esporádicamente. A los diez minutos, tumbado con los pies en una silla, ya estaba dormitando en un ensueño plácido con el coro de pitidos de máquinas de fondo. A la hora, más o menos, de estar en esa inconsciencia, le sobresaltó un fuerte golpe en la pared de atrás; sin embargo, advirtió que era algún animal que estaba cazando por los sutiles ruidos de lucha entre los matorrales.

Al momento volvía a estar medio dormido escuchando de lejos los ecos de la noche en la gasolinera, y aún más lejos los pocos coches que pasaban por la carretera. Tuvo algo de hambre, pero tampoco le hizo mucho caso. Estaba demasiado bien allí estirado.

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